R: María y su madre en un hotel, por un malentendido, matan a su hermano e hijo, la madre al darse cuenta le acompaña al sepulcro y María, decepcionada, se ahorca. Fin del drama.
EPP: A fuerza de fe, todos vivimos esos dramas. Y matamos en el otro lo que odiamos de nosotros y, para colmo, nos arrepentimos.
- Hay que ser muy rico o muy pobre para vivir sin oficio.
- ...Libre ahora del peso de la vida, ya no conoce la angustia de las decisiones, la tensión, el trabajo por terminar. Ya no lleva la cruz de esa vida interior que proscribe el reposo, la distracción o la debilidad, en este momento no tiene exigencias consigo mismo... Y yo vieja y fatigada, estoy a punto de creer que esa es la felicidad.
- Sólo pasará de un sueño poblado de imágenes a un sueño sin sueño.
- No elijo las palabras, ya no tengo preferencias, pero lo cierto es que lo he agotado todo.
- He perdido la libertad, empezó el infierno.
- ...Tengo para mi hambre el frío ciruelo de Moravia y para mi sed sólo la sangre que he vertido... Que se muera, que las puertas se cierren a mi alrededor, que me dejen con mi justa cólera, porque antes de morir no alzaré mis ojos para implorar al cielo.
- Ahh odio este mundo en el que estamos reducidos a dios.
- ...Padezco injusticia, no se me ha dado lo que me corresponde, no me arrodillaré... rechazada... abandonaré este mundo sin reconciliarme.
- No sufrió, pero eso no le impide estar muerto.
- Habla usted un lenguaje que no comprendo, apenas conozco las palabras como alegría o dolor.
- Tengo otra idea del corazón humano y para decírselo de una vez: sus lágrimas me repugnan.
- Afortunadamente me queda mi cuarto y la viga es sólida.
- Ruegue a su dios que la haga semejante a la piedra, es la felicidad que él se asigna, la única felicidad verdadera. Haga como él, vuélvase sorda a todos los gritos, sea como la piedra mientras hay tiempo. pero si se siente demasiado cobarde para entrar en esa paz ciega, entonces venga a reunirse con nosotros en nuestra morada común; todo es fácil, ya lo ve. Tiene que elegir entre la estúpida felicidad de los guijarros y el lecho viscoso donde lo esperamos.