EPP: Antiquísimos cuentos zen o sea con moraleja.
R: Cuentos de uso público recopilados por ambos autores, tal vez de un libro llamado Shaseki-shu colección de piedra y arena escrito por el monje Muju en 1283.
- Ah si: El maestro zen Hakuin admirado por llevar una vida pura es acusado de haber embarazado a una bella joven. Enfadados los padres reclaman al maestro. ¿Ah si? fue todo lo que dijo. El niño nace Hakui lo cuida un año al cabo del cual la niña dijo a sus padres la verdad sobre el padre. Éstos van a disculparse ante el monje, quien estuvo de acuerdo en entregar al niño, todo lo que dijo fue ¿Ah si?.
- Publicar los sutras: Un joven decidió publicar los sutras que en esa época sólo estaban disponibles en chino. Tetsugen pidió dinero mendigando por diez años, cuando tuvo suficente para cumplir la tarea, el río Uji se desbordó y hubo hambruna y el joven gastó el dinero ayudando a la gente. Comenzó de nuevo la colecta y esta vez se extendió una epidemia por el país en la que Tetsugen dió lo que había recolectado para ayudar a la gente. Por tercera vez empezó su tarea y tras veinte años la culminó. Los japoneses cuentan a sus hijos que Tetsugen hizo tres series de sutras y que las dos primeras, las invisibles, superan la última.
- El túnel: Zenkai hijo de samurai se enamoró de la esposa de su señor, le mató en legítima defensa y se fue con ella a convertirse en mendigo. Para expiar sus culpas decidió construir un túnel para evitar el acantilado de alto riesgo y así ayudar a la gente. 30 años despúes el túnel media 2280 pies de largo, 20 de alto y 30 de ancho. 2 años antes lo encontró el hijo del oficial que había matado y que era un hábil espadachín. "Te daré mi vida con gusto, permíteme terminar el túnel" Esperaron pero el joven ayudó a Zenkai para cobrar su venganza y llegó a admirar la fuerte voluntad y el carácter del viejo. Al terminar el túnel la gente pudo viajar con seguridad. "Ahora córtame la cabeza" dijo Zenkai, "mi trabajo está hecho". ¿Cómo puedo cortar la cabeza de mi maestro? Preguntó el samurai con lágrimas en los ojos.
- En las manos del destino: Un gran guerrero con un décimo de los guerreros del enemigo, decidió atacarlo, pero pasó antes por un santuario shinto y lanzó una moneda al aire, cara atacaría, cruz perdería. Lanzó la moneda luego de una leve plegaria y salió cara. Los guerreros entusiasmados fueron y ganaron. Uno de ellos dijo: "el destino no puede ser alterado" "ciertamente" dijo el hombre lanzando una moneda con dos caras al aire.
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